Paisajes boscosos y majestuosas cascadas que cambian con cada estación del año junto con lo mejor del ambiente europeo en las grandes ciudades cosmopolitas que caracterizan esta zona del país.

Puedes admirar todo el esplendor de Toronto, la ciudad más grande de Canadá, desde las alturas en la CN Tower. Esta vibrante ciudad también presume tener el mejor mercado de comida en el mundo: el St. Lawrence ubicado en el centro histórico. Si lo que buscas más bien es una experiencia llena de adrenalina, no te lo pienses dos veces y visita Canada's Wonderland, un parque de 134 hectáreas de
pura diversión.

A pocos kilómetros de Toronto se encuentran las cataratas del Niágara, un must para todo viajero. Podrás observar las Horseshoe Falls desde cualquiera de los miradores, te recomendamos especialmente la torre Skylon para tomar las mejores fotos. En verano podrás disfrutar de un paseo por el famoso barco Maid
of the Mist y acercarte a las caídas de agua.

Ottawa, la capital del país, ofrece bellos paseos en bicicleta a las orillas del canal Rideu, patrimonio de la humanidad. Durante la mañana podrás recorrer el centro de la ciudad, hacer una parada por el impresionante Parlamento y después al museo canadiense de historia o la galería nacional. No te olvides de probar las famosas "Galletas Obama" en Le Moulin de Provence.

Quebec te hará sentir en un verdadero cuento de hadas. La antigua ciudad amuralla esconde rincones históricos con más de 400 años de antigüedad. Te recomendamos en especial dar un paseo por el barrio Petit-Champlain, visitar Place Royale y el edificio del Parlamento, así como las colinas de Abraham. Detente a admirar Château Frontenac, es nada más y nada menos que el hotel más fotografiado del mundo.

Montreal es el destino ideal para los viajeros que buscan experiencias artísticas. El espectáculo de luces en la Basílica de Notre-Dame y el circuito de proyecciones Cité Memoire son inolvidables. La avenida de Plateau Mont-Royal es el spot perfecto para encontrar cafés y panaderías -los locales recomiendan los bagels de St. Viateur-, restaurantes, librerías, bares de cerveza artesanal y expresiones de arte urbano únicas.

En el río San Lorenzo se encuentra un archipiélago conocido como Mil Islas (sí, de ahí proviene el famoso aderezo para ensaladas), el lugar ideal para desconectarte de todo. La mejor forma de observar sus castillos, reservas ecológicas y casas privadas es a bordo de un velero o de un pequeño crucero guiado.

El castillo Boldt, una isla con forma de corazón, es uno de los puntos más famosos del recorrido.

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